Translate

29 de noviembre de 2014

El Bosque



                                                                                                               
La noche estaba cerca. A medida que se aproximaba iba cubriendo de oscuridad toda la llanura hasta llegar al valle norte. Todo parecía estar sumido en silencio, pero no se percibía una atmósfera tranquila. De repente, éste se vio roto por el ruido de  pasos. Eran los de una niña de unos diez años, que iba corriendo a la velocidad que le permitían sus piernas. Al final, éstas la traicionaron y se detuvo muerta de cansancio. Miró a su alrededor, estaba claro, se había perdido. Así que se sentó a esperar a que algún caminante la ayudase a salir. Se llamaba Grell.Sin embargo, como la ayuda no llegaba, se puso en marcha guiada por la dirección del viento y de las estrellas. De pronto, oyó voces, serían unas 2 personas, Grell aliviada fue corriendo siguiendo las voces que parecían alejarse más cuanto más próxima creía estar ella.
Cuando a poca distancia consiguió sentir más cerca las voces, instintivamente se escondió detrás de un árbol. Le entró un miedo inexplicablemente extraño, porque la luna se estaba escondiendo y no podía ver ni la silueta de aquellas personas. Por lo visto, éstas, también se habían parado a esperar a que volviese la luna ya que no se oían ni sus voces ni sus pasos. Unos minutos más tarde, la luna se dignó a salir de su escondite y, reflejó una cantidad de luz tan potente que hasta brilló y relució  sobre la superficie del lago llegando hasta el oscuro fondo de éste. Era una noche preciosa que merecía la pena contemplar, a pesar de que Grell pensase que era mejor pasarla con su familia dentro de una casa sintiéndose acompañada.
Tras la maravillosa contemplación, bajó a la realidad. Llena de valor salió decidida de su escondite al igual que hizo la luna. Pero cuál fue su sorpresa al ver que los caminantes nocturnos habían desaparecido misteriosamente. En respuesta, la valiente protagonista volvió a convertirse en la Grell insegura y asustada…
¿Qué hora sería? ¿Dónde estaba? ¿La encontrarán? Se iba haciendo estas preguntas mientras caminaba sin rumbo alguno. Solo avanzaba siguiendo las zonas en las que había claros de luz de luna y evitando las zonas oscuras (de preferencia.)
Sus zonas de claridad por lo visto eran muy escasas, por lo que con los ojos semi- cerrados tuvo que adentrarse en una zona enormemente oscura que resultó ser mucho más larga de lo que  esperaba. Era como un mal sueño, solo quería volver a casa, y, por lo visto iba a ser un propósito difícil de cumplir. Aceleró el paso, a continuación  salió a una zona muy iluminada y abierta que daba a más pasadizos de luz. En el centro de la zona, había además un pequeño estanque más desierto que un cementerio a la hora de las brujas. Por añadidura, tenía un puente de aspecto muy antiguo…  Al cruzarlo, los tablones crujían emitiendo ensordecedores chirridos. Se asomó, el agua a pesar de oscura era pulcra, mas al volver a salir la orgullosa luna, inundó de su cegadora luz todo el estanque de tal forma que ésta se veía reflejada a sí misma. Grell se quedó pensativa, miró al cielo estrellado y, de repente, pasó una estrella fugaz… Fue un simple destello en el cielo, aun así suficiente como para dejar un hermoso trazo de dorado polvo estelar. Ella pidió su deseo enseguida… “que alguien la guíe a encontrar su camino de vuelta…” Abrió los ojos, ¿se cumplió? ¿Ya está…? Instantáneamente, devolvió su vista al agua… ¡Un anciano estaba a su derecha!  A pesar del susto, a la pobre niña le dio tiempo de darse cuenta de lo familiar que le resultaba aquel rostro. Rebuscó entre sus recuerdos, pero se quedó igual que al principio.
- ¿Te has perdido pequeña?- le preguntó el anciano.
-Así es, señor. – contestó temblorosa. -¿Me podría indicar dónde está el camino de vuelta? –añadió enseguida.
- Perfectamente, sígueme – dijo con una tierna sonrisa. Cogió la fría mano de Grell y se alejaron en dirección a las zonas de luz.
Pero… ¿Cómo era posible que sin decirle ni su nombre ni dirección el anciano supiese hacia dónde ir? se preguntaba Grell. Sin embargo, sintió una gran confianza y fue dejando de temblar a lo largo del camino al igual que el frío se iba de sus manos.
Cuando empezó a ver los tejados de su casa, se soltó del anciano y fue corriendo como una loca. Ya no tenía miedo, estaba amaneciendo y comenzaba a haber luz por todas partes. Cuando por fin llega a su casa, sus padres corren a recibirla con los brazos abiertos y los ojos derramando cascadas de lágrimas. Todos ya estaban felices, la familia completa. Hasta que, en su mente se cruzó un pensamiento… y quien la había guiado… ¿dónde estaba? Enseguida preguntó a sus padres si habían visto a un anciano que la acompañaba.
-Lo siento, cielo. No vimos a nadie contigo… Ibas tú sola hacia casa.-le contaron. Los ojos de la pequeña se humedecieron ligeramente.
-Y hablando de ancianos…-continuó su padre.- ¿Recuerdas a tu abuelo, aquel que sólo pudiste ver de pequeña una vez y que estaba gravemente enfermo? Pues, falleció hace pocos días. Todos lo sentimos, por suerte no lo llegaste a conocer demasiado. ¿No estás triste?- preguntó su padre absolutamente desconcertado.
-Ya lo sabía,-dijo Grell- fue él quien me ayudó a salir de aquel infierno de bosque.-Y dirigió so mirada hacia al amanecer de un nuevo día.
Sus padres no lo entendían, nunca lo podrán llegar a entender…

¡ Se busca ayuda para un Pobre Escritor !

“¡Qué desesperación… no hay derecho! Que va a ser de mí, ahora que ya es demasiado tarde… ¡No puedo cambiar el principio de la historia y empezar de cero!” – gritaba Daniel para su interior.
Estaba: destrozado, acabado, hundido, deprimido, agotado, frustrado, agobiado, yo misma  me he quedado sin adjetivos… Su actual situación no tenía nombre. Es INDIGNANTE.
.- ¡SÍ LO ES, ES INDIGNANTE!- gritó el pobre pero, esta vez fue para el exterior su alarido… Todos sus colegas se habían quedado mudos. Se hizo un silencio pesado, todas las miradas de la empresa apuntaban a él. Al instante, apareció su superior acompañado de una secretaria, la cual llevaba una montaña de papeles en ambas manos.
.- ¡GREENMOR! ¡Pase a mi despacho ahora mismo! ¡Ya!-. Le gritó, mientras la montaña que cargaba la secretaría, salía volando por los aires como en una explosión.
Daniel bajó la cabeza y pasó al enorme despacho de su jefe. No le dio tiempo a decir nada, su jefe había tenido demasiada paciencia con él y sus extrañas quejas. Por lo tanto, fue condenado al despido.
Pasaron tres días, y Daniel no levantaba cabeza. Desde la ventana, todos los vecinos le veíamos pasar horas frente a un escritorio sobre el que había un bloc de hojas a estrenar y al lado un buen montón de papeles sobre los que había una carta que releía y releía todos los días nada más levantarse. Parecía preocupado cuando la leía, incluso aterrado.
Un día fui a visitarle, con la intención de ayudarle. Mientras yo caminaba, le vi salir de su portal.
.-Daniel espera, tengo que hablar contigo…-.le dije.
.-No me ocurre nada, María. Estoy perfectamente-. Y se dio la vuelta.
.-Los vecinos estamos muy preocupados… Si es por lo del despido no te preocupes. Te podemos ayudar-.dije con una gran sonrisa. Me daba mucha lástima verle tan deprimido.
.-Gracias… pero son problemas que solemos tener los escritores. Buenas tardes.- y se fue.
Conque un escritor… ¡bien callado se lo tenía!
Volviendo a Daniel, que seguía caminando sin rumbo alguno, llevaba la carta aún en la mano. Cuando volvió a casa, se sentó y la leyó, esta vez más pensativo. Nadie le creería como la enseñase…
La carta, era ni más ni menos que de uno de sus personajes de su incompleta novela: La Princesa Y su Tristeza.
Estaba escrita con tinta rosa sobre papel perfumado pero, las apariencias engañan…  Era una carta de amenaza. Decía así:
Querido autor,
Sé perfectamente lo que os proponéis hacer con mi historia: Poner el típico final de la “pobre princesa” que es rescatada  del dragón por un apuesto príncipe con quien se casa. Bien, pues no me apetece cumplir tal final. ¿Por qué no podéis ser vos quien me salve?
Decididlo lo antes posible o el dragón terminará por quemar mi torre ya que, de lo LENTORRO que sois escribiendo, el dragón se aburre bastante.
La princesa.
.- ¿Qué está pasando? Estoy loco…no puede ser.- Daniel se tiraba del pelo ¡Desde cuando un personaje le dice a su autor lo que tiene que hacer!
No hay más remedio Daniel. Es tu única salida.
Así que, Daniel cedió a los deseos de la egoísta princesa y, se puso a acabar lo que había empezado.
Una historia realmente rara...“el autor es quien rescata a la princesa”. Tras mucho pensar, Daniel se las apañó para incorporarse repentinamente a la historia y salvar a la princesa.
.- ¡Fin!-. Dijo muy satisfecho. Se sentía libre, el libro no sería un éxito pero, lo que importa es que dejará de recibir amenazas en cartas selladas con un lacito rosa y cursi.
                   *           *           *
A la mañana siguiente llegó el correo. Era una mañana tranquila. Una mañana  normal y corriente… Una mañana para-     ¡¡¡¡Nooooo!!!!
Una carta de nuestra querida princesa había aparecido bajo la almohada de Daniel….
La abrió para leerla: y se cayó redondo al suelo.
Cuando despertó, vio que no estaba solo. Una fragancia de rosas inundaba el aire. Daniel pensó por un momento que el oxígeno en la tierra se acabaría con tan asfixiante perfume. Se levantó del suelo y vio a… la princesa.
 Cuando Daniel la miró, vio que la princesa corría hacia él a toda prisa desde el balcón de su habitación. Antes de que éste pudiera esconderse, la princesa ya le había cogido la mano. Daniel estaba atónito, pensó que lo iba a matar pero, la princesa le sonrió mostrando una perlada sonrisa. Su mano parecía de porcelana y al momento le devolvió la carta que lo había sobresaltado tanto… Y el motivo era que la princesita caprichosa pensaba casarse con él, al fin y al cabo, la había salvado.
.-Em… ya, claro.- dijo Daniel. ¿Qué se habría creído esta señorita?- Mira, oye… yo no puedo casarme contigo ¡No eres más que un personaje de mi imaginación!- le espetó.
La princesa enseguida rompió a llorar… pensaba que Daniel no era para nada un cortés caballero, sino un canalla miserable.
El joven trató de hacerla entrar en razón, además debía de regresar a su historia. Aun así, era demasiado tarde y la princesa lloraba completamente desconsolada.
.-Ya que soy una ilusión. No importará que haga esto… - dijo a Daniel. Y se asomó al balcón con la intención de dejarse caer al vacío.
¡Daniel, sea una ilusión o no, debes salvarla ya que no podrías vivir (no solo por el hecho de no salvarla sino por el hecho de morir asfixiado por el insoportable perfume que parecía contener mil kilómetros de la plantación de rosales más grande del mundo)!
La princesa ha ganado este capítulo.
Y cuando Daniel fue a salvar por segunda vez a la princesa, ésta ya se había soltado y el desdichado joven fue tras su personaje…
 Los vecinos y yo,  presenciamos lo que parecía un suicidio inesperado. Pobre Daniel, enloqueció.
Pasado un tiempo, su libro salió a la venta. Me apresuré a comprarlo por si tenía algo que ver con la reciente tragedia. Pero no resultó ser así en apariencia. Eso sí, fue la historia más extraña que jamás había leído: “el autor es el salvador de una caprichosa princesa”.
Recuerdo que lo que más me asombró, fue el final. Por lo visto Daniel se casaba con la princesa… y digo Daniel, porque el personaje ilustrado era su viva imagen.
Echo de menos a Daniel sin embargo, me consta que en vez de caer al vacío, cayó en su propia novela. La cual, tuvo un éxito mundial. ¡Enhorabuena Daniel!

El Río de la Amargura

                                      “Quien se amarga el día, se amarga la vida”
A nuestra protagonista de hoy la encontramos en todas partes. Vamos a escenificarlo en una niña llamada Felicidad, que caminaba sumida en sus pensamientos. Eran pensamientos sobre su profunda amargura y hastío personales. Día tras día, se iba hundiendo más en ellos. Así le iba…
Sentía que lo iba a perder todo,  como si estuviese escrito en su destino, al fin y al cabo qué puede esperar de la vida una chica que ya dejó de interesarse por todo?
La amargura es una mala amiga. Si la dejas hablar un día, te hablará el resto de tu vida. Con el tiempo nuestra querida Felicidad se fue volviendo más y más amargada con sus amigos y colegas. Hasta le pusieron un mote: “Soy Amargura.  Amarga, para mis amigos.”
Pues bien, una vez convertida nuestra Felicidad en Amargura, siguió avanzando por peligrosos torrentes que desembocaban en el mar de la tristeza y del  rechazo, en las que una vez sumergido no se puede salir. Para Felicidad su infancia no fue lo que se dice agradable y para colmo aterrizó en un ambiente escolar rico en gustos de lo más aterradores que difícilmente nadie por muy retorcido que fuese podría imaginar.
Amargura no aguantaba más. ¡¿Quien puede ayudarla?! Nadie más que ella misma y una amiga a la que muy pocos no queremos ni ver: Voluntad. Mientras, Amarga ya se había vuelto tan amargada que, sus mejores amigas eran Venganza y Fastidio-Constante, la comida le sabía asquerosamente amarga y odiaba sobre todo tener que sonreír a la gente que era buena con ella. Esperemos que quiera oír lo que Voluntad le quería decir…
Un día, Amarga estaba sentada en el jardín de su casa regando con asco las plantas y reprochándole a la vida lo poco alegre que era la suya. Como su padre murió solo le quedaba su madre a la que evitaba ver siempre que podía. En una ocasión su madre se sentó a su lado, suspiró mirando al cielo y le dijo:
.-Cometí un error hija. Fui muy dura contigo y lo siento mucho.
-No me digas…- pensó Amarga.
Entonces apareció Voluntad y le susurró al oído: Perdónala, solo quiere arreglar las cosas. Pienso que vuestro futuro será mucho mejor  si le dices lo que tienes en tu cabeza,ánimo sé que  puedes hacerlo no es tu primera vez!
Amarga reflexionó unos segundos después de los cuales exclamó:
-Te perdono, mamá-dijo resoplando. Su madre la abrazó.
A Amarga le había costado mucho decirlo, pero aquel consejo que le dió Voluntad atravesó su corazón y lo sintió latir más ligero. Notaba que el agua ya no le llegaba hasta el cuello y que podía respirar mejor.
El paso siguiente iban a ser sus amigos:
Al día siguiente, 3 de septiembre, comenzaba en un nuevo colegio, una vida nueva. Y de Venganza y Fastidio-Constante ya nos libraremos…
Amarga entró en clase, sus nuevos compañeros le dedicaron una sincera sonrisa de bienvenida. Su ambiente escolar había pasado de estar en el fondo del pantano en donde no podía respirar, a una superficie transparente y fresca donde se percibían dulces aromas.
Ella pensó en poner su mueca más repugnante, y entonces aparecieron detrás de todos los alumnos, Venganza y Fastidio-Constante. La incitaban todo el rato a hacer lo que pensaba:
Hazlo, hazlo…”- le susurraban mientras se acercaban más a ella. Sin embargo, en esos preciosos segundos, se interpuso entre esas dos y Amarga, Voluntad. Se la veía llena de energía y alegría.
Empieza tu nueva vida, ahora no es más que un libro en blanco”-le gritó. –“¡¡Vamos!!”- dijo mientras empujó hacia atrás a Venganza y a Fastidio-Constante.
Amarga dio un paso al frente y les devolvió a todos una gran sonrisa y dijo :
-Seguro que aquí seré feliz-.
Entonces, Venganza y Fastidio-Constante se desintegraron y solo dejaron unas gotas de agua sucia y maloliente,  ya no eran nada. Voluntad le sonrió y desapareció elevándose ligera, como una nube.  Ya había hecho su trabajo.
Y Amarga, añadió con gran satisfacción- Me llamo, Felicidad-.

La Calavera de Cristal

Un joven rubio de vista cristalizada apareció en la sala. Parecía un cadáver con alma y su sombra no notaba el movimiento que éste hacía.
Más tarde, el petrificado se levantó e igual que una estrella antes de morir, dio su última explosión: se le iluminó la cara y el pelo se le doró más sus bellos ojos relucieron  pero, en menos de un segundo sus grandes ojos se encogieron y se le tensaron todas las venas de la cara y el cuerpo.
Sus laucos balcones adquirieron la mirada de un muerto. También le aparecieron unas grandes y horribles ojeras negras aviolatadas que acababan en una oscuridad más intensa que el fondo marino. Y, poco a poco, se desintegró.
Como resto mortal dejó en el suelo una bella calavera de cristal. La cual, se hundió en sus propias lágrimas de la tristeza que suponía ver tal final y formó un lago. Al cual, siglos más tarde volaron cisnes plateados…
Pero todo el cristal de la calavera se destruyó contra unas despiadadas rocas, iguales a las de un acantilado, y sus partículas cubrieron el lago de los cisnes plateados entero. Helando a éstos hasta la hermosa inmortalización de su muerte.
Ahora, es conocido como “El Lago de los cisnes Cristalinos”.



Conclusión: ni el tiempo perdona a la belleza, ni la belleza al tiempo. El tiempo no la destruye pero, la transforma en otro tipo de belleza incluso más hermosa que la anterior. A pesar de que, nunca podremos frenar sus destructivas lágrimas.

Historias de Cuadros

Esta historia comenzó hace tres días. Cuando, una pequeña niña llamada Sally, estaba merodeando por los pasillos del Internado Breakfall a una hora indebida. (Como de costumbre)
Sally se pasaba el día entero mirando los maravillosos cuadros que adornaban los pasillos, en especial el único que había en su habitación. Para ella, era como la obra más grande, “la inalcanzable” (como decía a veces).
Sally era una niña solitaria, no tenía amigos porque no los necesitaba. Ella sola se bastaba de su inagotable imaginación a través de la cual, generaba cada día distintas historias sobre cada cuadro que veía en los pasillos y en el vestíbulo. En cada cuadro puede llegar a haber más de mil historias posibles por lo menos, todo depende de hasta dónde puede escapar la imaginación de cada persona.
Hasta que un día, Sally dio demasiada rienda suelta  a su imaginación hasta tal punto de, que sacaba a los personajes del cuadro y jugaba a instalarlos en otro distinto. Recuerdo que una vez la pillamos sacando a una princesa de su retrato y, entre risas, la colocó en una escena bélica. Pobre princesa, ¿sobreviviría? Eso solo lo sabe Sally.
Otro día, a la pequeña se le ocurrió la descarada idea de poner a una granjera que estaba sosteniendo dos gallos en la mitad de una de las estancias de un lujoso palacio medieval, en el que aparecían dos siervos, un bufón y el rey. Sally se sonrió para sí misma y decidió hacer algo con ése cuadro de su habitación por el que sentía gran admiración.
Al anochecer, cerró cuidadosamente su puerta y se dirigió a contemplar el cuadro: Era un retrato del (S.XIX) de un joven muy apuesto, que aparecía sentado en su escritorio meditando sobre algo. Había muchos papeles en el suelo, en la mesa… Pero todos arrugados como si no supiese qué  escribir. No había demasiada variedad de colores, exceptuando la  ropa del joven y su rostro. El  resto del cuadro resultaba triste y apagado…
Sally pensó entonces que quizás lo podría trasladar a unos cuadros de hermosos paisajes que había en el vestíbulo. –“¡Sí, ahí encontrará la inspiración que le falta!”- pensó Sally.
Así que, cerró fuertemente los ojos y puso su mano en el retrato para tirarle de la mano y llevarlo a dónde encontraría muchas posibles ideas.
-¡¡¡NO!!!-.
¡¿Quién demonios ha dicho eso?!  Sally cayó desplomada al duro suelo. No entendía nada.
-¡¿TE  CREES QUE PUEDES TRATARNOS COMO A MARIONETAS MOVIÉNDONOS DE UN LADO A OTRO?! ¡Deja de marearnos!
Esto es completamente surrealista. “¿Qué se habrá pensado?” – se dijo Sally.
Al cabo de un rato….
-Discúlpeme si se ha sentido ofendido, lo siento- dijo Sally.
El joven, que hasta entonces le había dado la espalda, se volvió y dijo.- ¿Qué es lo que quieres, por qué haces esto? No entiendes que cada uno debe estar en su lugar…-
-Perdón, yo solo quería que pudiese acabar lo que escribía. Le quería ayudar… - respondió Sally agachando la cabeza, no le quería seguir aburriendo más.
-¡Eh! Oye, yo… quería darte la enhorabuena por haber acertado con el significado de mi cuadro, y por si no lo sabías: ¡soy un autorretrato! Todos los niños que han estado antes aquí, pensaban que era un joven frustrado que no sabe escribir una carta a su amada. Pero lo que yo quiero es, hacer un buen relato.
Sally estaba atónita. ¡Estaba hablando con el propio pintor que se había introducido en su propia historia!
Debían de ser cerca de las doce de la noche, pero a pesar del sueño, Sally se propuso ayudar al joven a acabar su pequeña historia. Estuvieron trabajando mucho: Sally sentada frente al cuadro no paraba de darle ideas  mientras que, el joven no paraba de hacer tachones, correcciones y muchísimos borrones ya que no se acostumbraba a escribir con pluma.
Llegó el amanecer. Sally estaba profundamente dormida, solo se oían los pasos de profesores.
¡Profesores! Sally se levantó en seguida, intentó adecentarse un poco el pelo, pero era demasiado tarde, los profesores habían entrado y eran más de las diez. Cuando Sally se dispuso a disculparse, todo se paró.
Todas las miradas estaban fijas en el retrato de la habitación. Algo estaba claro: Sally no pudo haber sido porque no es que lo suyo fuese trazar como un artista pero, sí. Algo había pasado en el cuadro.
Los profesores lo miraron desconcertados, ella se limitó a sonreír tímidamente.
En el retrato había muchísima luz, ya no había sombras. El joven estaba de espaldas contemplando un prometedor amanecer y, en el escritorio, había un fino bloque de papeles escritos con los márgenes apurados. Se podía leer el nombre de Sally en varias líneas, había cantidad de diálogos… Sally se sintió enormemente orgullosa del joven.

Éste cuadro ha acabado su verdadera historia, ahora, ¡vayamos a buscar otras historias!

Sobreviviendo al BULLYING

La cantidad de niños y adolescentes que sufren maltratos psicológicos o físicos se dice que sufren bullying escolar. Por lo visto, esta actividad se da tanto en colegios públicos como en privados, ya sean chicas o chicos. En su mayoría los afectados por este desagradable maltrato acaban por volverse personas con tendencia depresiva y solitaria. Además, por lo general los padres no suelen nunca darse cuenta de la situación de sus hijos: bien sea porque éstos no se lo cuentan o porque no se preocupan del ambiente escolar en el que viven sus hijos. El tiempo que el bullying puede durar es indefinido, podría ser más de la mitad de la secundaria, por ejemplo.
Por otro lado, las personas que nunca han vivido esta situación se lo suelen tomar muy a la ligera y no se dan cuenta de, que en su entorno hay gente sufriendo en silencio ya que no tienen la suficiente confianza con los demás para decírselo o porque nadie se la da. Hay muchas y diversas situaciones que se pueden considerar que son bullying: desde amenazas diarias contra la persona o su familia hasta palizas en pleno recreo. Existen determinados centros escolares donde no se muestra por parte del profesorado o la dirección ninguna atención o ayuda en estos casos. La única respuesta que aprenden  es a defenderse por sus propios medios, convencer a sus padres para que los cambien de centro, etc.
Las víctimas de bullying, suelen ser gente que dan apariencia de ser más débiles que el resto, personas apodadas  de “friki”, o simplemente puede tratarse de celos por ser el más listo/a de la clase.

Hay más gente de la que pensamos que sufren desagradables experiencias por las que no tendrían por qué pasar y que ahora mismo pueden estar pasando horas de angustia sabiendo que no van a encontrar una salida. En mi opinión, se debería prestar un mínimo de atención a todos estos estudiantes para que el día de mañana puedan convivir con los demás de forma normal e impedir que  acaben desarrollando peligrosas psicopatías y en el peor de los casos suicidas en potencia. Invito a todo el mundo a hacer una reflexión profunda sobre un problema que al parecer la sociedad no lo toma suficientemente en serio y repito, en muchos casos generan auténticas tragedias. Y yo pregunto: ¿tan indiferente es el mundo que ignora el sufrimiento de éstos seres? ¿Y si se tratase de su hijo?

Las Zapatillas Ensangrentadas






Hacía tan solo unas semanas, unos vecinos nuevos se instalaron en la calle de enfrente. Había dos ancianos que solían venir muy  de vez en cuando. Y cuando venían era solamente para entregarle a una joven delgaducha una caja de zapatos rosa. Este acontecimiento tenía lugar a la entrada de la casa de la joven. Los ancianos se iban preocupados pero, la joven no podía evitar reprimir una sonrisa.
Mi padre era un gran pintor. Recuerdo que hace unos años, le pedí que me regalara un gato. Y a la mañana siguiente, lo vi al final del pasillo. –“Un gatito, un gatito”- decía. Era un sueño. Fui corriendo y a escasos centímetros de él, mi padre me apartó del gato. Bajamos al salón y me contó que no era más que un espejismo. Era un cuadro, una de sus grandes obras, sin no antes mencionar, una en la que está trabajando intensamente.
Al día siguiente, fui a saludar a la joven.- Buenos días, ¿es usted René?
-Si… ¿y tú eres la hija del artista, verdad?- dijo con acento parisino.
Entablamos conversación y me invitó a su casa. Era una casa vieja y nada alegre. Había hasta humedad en el ambiente y poquísimos muebles. Sin embargo, para la joven René parecía un palacio.
René me siguió contando que fue primera bailarina, una de las más perfectas de toda Europa. Sobre la repisa de la chimenea vi varios trofeos de hace unos años. Y en el suelo estaban esparcidos pares y pares, de zapatillas de ballet. Unas a medio usar, otras desgastadas, lazos arrancados, suelas caídas…  Supuse que practicaba bastante a menudo.                  
-¿Por qué tiene tantas?- pregunté.
-Porque…-hizo una larga pausa-… dicen que ya no sirvo para el ballet, llegó a ser mi vida.                                               En mi gran día, recuerdo haber cometido la insensatez de atarme los lazos demasiado rápido y… tropecé, resbalé y caí por todo el escenario. Fue un fracaso, una humillación que pagué con una torcedura  de tobillos. Recuerdo más las risas de público que, mi caída y los golpes que me dieron las escaleras del escenario. Luego quemé esas zapatillas rojas tan bonitas.
 - Debió de ser muy doloroso…-dije en bajito.
Al cabo de dos semanas, mi padre, inspirado por el relato de la bailarina dibujó las zapatillas de ballet más hermosas del mundo con unos delicados y finos lazos. Era una obra preciosa, las zapatillas estaban expuestas en el interior de una elegante caja, esperando a ser cogidas. Lo más destacado era el realismo plasmado en el lienzo, la firmeza y el pulso del pintor.
Como creí que a René le interesaría la invité a casa.
Desde que llegó, no pudo apartar la vista del cuadro. Lo pusimos junto a un ventanal para que le diese toda la luz posible y se viese mejor. Estaba como hipnotizada,  parecía querer arrancarlas del lienzo. Eran tan perfectas, si las hubiese llevado aquel día no habría resbalado.
-¿Me lo enseñas?- pidió mientras se levantaba.
Yo asentí y nos acercamos más al cuadro. René estaba muy extraña, ¿qué pensamiento la estaba evadiendo de la realidad?
Y, entonces unos rayos de sol entraron por el ventanal cegando mi vista. Lo único que sé, es que en esos míseros segundos, vi a René abalanzarse sobre el cuadro con tan mala suerte que, atravesaron ella y el cuadro de las zapatillas el ventanal. Saltaron cristales por todas partes.
Solté un grito aterrador debido a la escena presenciada. Me asomé por el hueco del ventanal y, vi a René con ambas manos alrededor de la obra de las zapatillas… La sangre corría de su cabeza sin parar, nunca lo olvidaré.
Cuando se llevaron el cuerpo sin vida de René, mi padre recogió su obra y la guardó en el trastero durante muchos años, más tarde, falleció.
Hasta que, un día pensé en lo mejor para todos: deshacerme de ese cuadro. Abrí el trastero y una vez tuve el cuadro en mis manos, lo limpié un poco y observé. Algo había cambiado, el color de las zapatillas era increíble, un color nunca logrado por nadie hasta ahora…
A la semana siguiente, el cuadro fue expuesto en la exposición de arte más importante del año. Iba a ser un gran día: Una vez hecha la presentación del cuadro, se mostró al público. Todos quedaron muy sorprendidos entre ellos había jóvenes pintores que no paraban de asombrarse cuanto más lo observaban. Lo definieron como- ¡Magnífico!
En ese instante, un certero rayo de sol proyectó su luz a las zapatillas que brillaron y relucieron en todo el recinto. El color rojo sangre que tenían era algo impresionante. Aunque recordé en ese momento a mi padre, no pude evitar pensar en cómo había sido obtenido tal color.