La noche estaba cerca. A medida que se aproximaba iba cubriendo de
oscuridad toda la llanura hasta llegar al valle norte. Todo parecía
estar sumido en silencio, pero no se percibía una atmósfera tranquila. De
repente, éste se vio roto por el ruido de pasos. Eran los de una niña de
unos diez años, que iba corriendo a la velocidad que le permitían sus piernas.
Al final, éstas la traicionaron y se detuvo muerta de cansancio. Miró a su
alrededor, estaba claro, se había perdido. Así que se sentó a esperar a que algún
caminante la ayudase a salir. Se llamaba Grell.Sin embargo, como la ayuda no llegaba, se puso en marcha guiada por la dirección del viento y de las
estrellas. De pronto, oyó voces, serían unas 2 personas, Grell
aliviada fue corriendo siguiendo las voces que parecían alejarse más cuanto más próxima creía
estar ella.
Cuando a poca distancia consiguió sentir más cerca
las voces, instintivamente se escondió detrás de un árbol. Le entró un miedo
inexplicablemente extraño, porque la luna se estaba escondiendo y no podía ver
ni la silueta de aquellas personas. Por lo visto, éstas, también se habían
parado a esperar a que volviese la luna ya que no se oían ni sus voces ni
sus pasos. Unos minutos más tarde, la luna se dignó a salir de su escondite y,
reflejó una cantidad de luz tan potente que hasta brilló y
relució sobre la superficie del lago
llegando hasta el oscuro fondo de éste. Era una noche preciosa que merecía la
pena contemplar, a pesar de que Grell pensase que era mejor pasarla con su
familia dentro de una casa sintiéndose acompañada.
Tras la maravillosa contemplación, bajó a la
realidad. Llena de valor salió decidida de su escondite al igual que hizo la
luna. Pero cuál fue su sorpresa al ver que los caminantes nocturnos habían
desaparecido misteriosamente. En respuesta, la valiente protagonista volvió a
convertirse en la Grell insegura y asustada…
¿Qué hora sería? ¿Dónde estaba? ¿La encontrarán? Se
iba haciendo estas preguntas mientras caminaba sin rumbo alguno. Solo avanzaba siguiendo las zonas en las que había claros de luz de luna y evitando las zonas
oscuras (de preferencia.)
Sus zonas de claridad por lo visto eran muy escasas,
por lo que con los ojos semi- cerrados tuvo que adentrarse en una zona enormemente
oscura que resultó ser mucho más larga de lo que esperaba. Era como un mal
sueño, solo quería volver a casa, y, por lo visto iba a ser un propósito
difícil de cumplir. Aceleró el paso, a continuación salió a una zona muy iluminada y abierta que
daba a más pasadizos de luz. En el centro de la zona, había además un pequeño
estanque más desierto que un cementerio a la hora de las brujas. Por añadidura,
tenía un puente de aspecto muy antiguo…
Al cruzarlo, los tablones
crujían emitiendo ensordecedores chirridos. Se asomó, el agua a pesar de oscura
era pulcra, mas al volver a salir la orgullosa luna, inundó de su cegadora luz todo el
estanque de tal forma que ésta se veía reflejada a sí misma. Grell se
quedó pensativa, miró al cielo estrellado y, de repente, pasó una estrella
fugaz… Fue un simple destello en el cielo, aun así suficiente como para dejar
un hermoso trazo de dorado polvo estelar. Ella pidió su deseo enseguida… “que
alguien la guíe a encontrar su camino de vuelta…” Abrió los ojos, ¿se cumplió?
¿Ya está…? Instantáneamente, devolvió su vista al agua… ¡Un anciano estaba a su
derecha! A pesar del susto, a la pobre
niña le dio tiempo de darse cuenta de lo familiar que le resultaba aquel
rostro. Rebuscó entre sus recuerdos, pero se quedó igual que al principio.
- ¿Te has perdido pequeña?- le preguntó el anciano.
-Así es, señor. – contestó temblorosa. -¿Me podría
indicar dónde está el camino de vuelta? –añadió enseguida.
- Perfectamente, sígueme – dijo con una tierna
sonrisa. Cogió la fría mano de Grell y se alejaron en dirección a las zonas
de luz.
Pero… ¿Cómo era posible que sin decirle ni su nombre
ni dirección el anciano supiese hacia dónde ir? se preguntaba Grell.
Sin embargo, sintió una gran confianza y fue dejando de temblar a lo largo del
camino al igual que el frío se iba de sus manos.
Cuando empezó a ver los tejados de su casa, se soltó
del anciano y fue corriendo como una loca. Ya no tenía miedo, estaba
amaneciendo y comenzaba a haber luz por todas partes. Cuando por fin llega a su
casa, sus padres corren a recibirla con los brazos abiertos y los ojos
derramando cascadas de lágrimas. Todos ya estaban felices, la familia completa.
Hasta que, en su mente se cruzó un pensamiento… y quien la había guiado… ¿dónde
estaba? Enseguida preguntó a sus padres si habían visto a un anciano que la
acompañaba.
-Lo siento, cielo. No vimos a nadie contigo… Ibas tú
sola hacia casa.-le contaron. Los ojos de la pequeña se humedecieron
ligeramente.
-Y hablando de ancianos…-continuó su padre.- ¿Recuerdas a tu abuelo, aquel que sólo pudiste ver de pequeña una vez y que estaba gravemente enfermo? Pues, falleció hace pocos días. Todos lo sentimos, por suerte no lo llegaste a conocer demasiado. ¿No estás triste?- preguntó su padre absolutamente desconcertado.
-Y hablando de ancianos…-continuó su padre.- ¿Recuerdas a tu abuelo, aquel que sólo pudiste ver de pequeña una vez y que estaba gravemente enfermo? Pues, falleció hace pocos días. Todos lo sentimos, por suerte no lo llegaste a conocer demasiado. ¿No estás triste?- preguntó su padre absolutamente desconcertado.
-Ya lo sabía,-dijo Grell- fue él quien me ayudó a salir de aquel
infierno de bosque.-Y dirigió so mirada hacia al amanecer de un nuevo día.
Sus padres no lo entendían, nunca lo podrán llegar a
entender…

Preciosa historia con este anciano "angel".
ResponderEliminarcoucou ma chère, j'suis vraiment étonée, t'as une imagination incroyable, j'ai très envie de lire la suite...ta page...j'adoreeeeee, grosses bises ma belle :-)
ResponderEliminarmerci beaucoup ma grande! bisss
ResponderEliminar