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29 de noviembre de 2014

¡ Se busca ayuda para un Pobre Escritor !

“¡Qué desesperación… no hay derecho! Que va a ser de mí, ahora que ya es demasiado tarde… ¡No puedo cambiar el principio de la historia y empezar de cero!” – gritaba Daniel para su interior.
Estaba: destrozado, acabado, hundido, deprimido, agotado, frustrado, agobiado, yo misma  me he quedado sin adjetivos… Su actual situación no tenía nombre. Es INDIGNANTE.
.- ¡SÍ LO ES, ES INDIGNANTE!- gritó el pobre pero, esta vez fue para el exterior su alarido… Todos sus colegas se habían quedado mudos. Se hizo un silencio pesado, todas las miradas de la empresa apuntaban a él. Al instante, apareció su superior acompañado de una secretaria, la cual llevaba una montaña de papeles en ambas manos.
.- ¡GREENMOR! ¡Pase a mi despacho ahora mismo! ¡Ya!-. Le gritó, mientras la montaña que cargaba la secretaría, salía volando por los aires como en una explosión.
Daniel bajó la cabeza y pasó al enorme despacho de su jefe. No le dio tiempo a decir nada, su jefe había tenido demasiada paciencia con él y sus extrañas quejas. Por lo tanto, fue condenado al despido.
Pasaron tres días, y Daniel no levantaba cabeza. Desde la ventana, todos los vecinos le veíamos pasar horas frente a un escritorio sobre el que había un bloc de hojas a estrenar y al lado un buen montón de papeles sobre los que había una carta que releía y releía todos los días nada más levantarse. Parecía preocupado cuando la leía, incluso aterrado.
Un día fui a visitarle, con la intención de ayudarle. Mientras yo caminaba, le vi salir de su portal.
.-Daniel espera, tengo que hablar contigo…-.le dije.
.-No me ocurre nada, María. Estoy perfectamente-. Y se dio la vuelta.
.-Los vecinos estamos muy preocupados… Si es por lo del despido no te preocupes. Te podemos ayudar-.dije con una gran sonrisa. Me daba mucha lástima verle tan deprimido.
.-Gracias… pero son problemas que solemos tener los escritores. Buenas tardes.- y se fue.
Conque un escritor… ¡bien callado se lo tenía!
Volviendo a Daniel, que seguía caminando sin rumbo alguno, llevaba la carta aún en la mano. Cuando volvió a casa, se sentó y la leyó, esta vez más pensativo. Nadie le creería como la enseñase…
La carta, era ni más ni menos que de uno de sus personajes de su incompleta novela: La Princesa Y su Tristeza.
Estaba escrita con tinta rosa sobre papel perfumado pero, las apariencias engañan…  Era una carta de amenaza. Decía así:
Querido autor,
Sé perfectamente lo que os proponéis hacer con mi historia: Poner el típico final de la “pobre princesa” que es rescatada  del dragón por un apuesto príncipe con quien se casa. Bien, pues no me apetece cumplir tal final. ¿Por qué no podéis ser vos quien me salve?
Decididlo lo antes posible o el dragón terminará por quemar mi torre ya que, de lo LENTORRO que sois escribiendo, el dragón se aburre bastante.
La princesa.
.- ¿Qué está pasando? Estoy loco…no puede ser.- Daniel se tiraba del pelo ¡Desde cuando un personaje le dice a su autor lo que tiene que hacer!
No hay más remedio Daniel. Es tu única salida.
Así que, Daniel cedió a los deseos de la egoísta princesa y, se puso a acabar lo que había empezado.
Una historia realmente rara...“el autor es quien rescata a la princesa”. Tras mucho pensar, Daniel se las apañó para incorporarse repentinamente a la historia y salvar a la princesa.
.- ¡Fin!-. Dijo muy satisfecho. Se sentía libre, el libro no sería un éxito pero, lo que importa es que dejará de recibir amenazas en cartas selladas con un lacito rosa y cursi.
                   *           *           *
A la mañana siguiente llegó el correo. Era una mañana tranquila. Una mañana  normal y corriente… Una mañana para-     ¡¡¡¡Nooooo!!!!
Una carta de nuestra querida princesa había aparecido bajo la almohada de Daniel….
La abrió para leerla: y se cayó redondo al suelo.
Cuando despertó, vio que no estaba solo. Una fragancia de rosas inundaba el aire. Daniel pensó por un momento que el oxígeno en la tierra se acabaría con tan asfixiante perfume. Se levantó del suelo y vio a… la princesa.
 Cuando Daniel la miró, vio que la princesa corría hacia él a toda prisa desde el balcón de su habitación. Antes de que éste pudiera esconderse, la princesa ya le había cogido la mano. Daniel estaba atónito, pensó que lo iba a matar pero, la princesa le sonrió mostrando una perlada sonrisa. Su mano parecía de porcelana y al momento le devolvió la carta que lo había sobresaltado tanto… Y el motivo era que la princesita caprichosa pensaba casarse con él, al fin y al cabo, la había salvado.
.-Em… ya, claro.- dijo Daniel. ¿Qué se habría creído esta señorita?- Mira, oye… yo no puedo casarme contigo ¡No eres más que un personaje de mi imaginación!- le espetó.
La princesa enseguida rompió a llorar… pensaba que Daniel no era para nada un cortés caballero, sino un canalla miserable.
El joven trató de hacerla entrar en razón, además debía de regresar a su historia. Aun así, era demasiado tarde y la princesa lloraba completamente desconsolada.
.-Ya que soy una ilusión. No importará que haga esto… - dijo a Daniel. Y se asomó al balcón con la intención de dejarse caer al vacío.
¡Daniel, sea una ilusión o no, debes salvarla ya que no podrías vivir (no solo por el hecho de no salvarla sino por el hecho de morir asfixiado por el insoportable perfume que parecía contener mil kilómetros de la plantación de rosales más grande del mundo)!
La princesa ha ganado este capítulo.
Y cuando Daniel fue a salvar por segunda vez a la princesa, ésta ya se había soltado y el desdichado joven fue tras su personaje…
 Los vecinos y yo,  presenciamos lo que parecía un suicidio inesperado. Pobre Daniel, enloqueció.
Pasado un tiempo, su libro salió a la venta. Me apresuré a comprarlo por si tenía algo que ver con la reciente tragedia. Pero no resultó ser así en apariencia. Eso sí, fue la historia más extraña que jamás había leído: “el autor es el salvador de una caprichosa princesa”.
Recuerdo que lo que más me asombró, fue el final. Por lo visto Daniel se casaba con la princesa… y digo Daniel, porque el personaje ilustrado era su viva imagen.
Echo de menos a Daniel sin embargo, me consta que en vez de caer al vacío, cayó en su propia novela. La cual, tuvo un éxito mundial. ¡Enhorabuena Daniel!

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