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29 de noviembre de 2014

El Río de la Amargura

                                      “Quien se amarga el día, se amarga la vida”
A nuestra protagonista de hoy la encontramos en todas partes. Vamos a escenificarlo en una niña llamada Felicidad, que caminaba sumida en sus pensamientos. Eran pensamientos sobre su profunda amargura y hastío personales. Día tras día, se iba hundiendo más en ellos. Así le iba…
Sentía que lo iba a perder todo,  como si estuviese escrito en su destino, al fin y al cabo qué puede esperar de la vida una chica que ya dejó de interesarse por todo?
La amargura es una mala amiga. Si la dejas hablar un día, te hablará el resto de tu vida. Con el tiempo nuestra querida Felicidad se fue volviendo más y más amargada con sus amigos y colegas. Hasta le pusieron un mote: “Soy Amargura.  Amarga, para mis amigos.”
Pues bien, una vez convertida nuestra Felicidad en Amargura, siguió avanzando por peligrosos torrentes que desembocaban en el mar de la tristeza y del  rechazo, en las que una vez sumergido no se puede salir. Para Felicidad su infancia no fue lo que se dice agradable y para colmo aterrizó en un ambiente escolar rico en gustos de lo más aterradores que difícilmente nadie por muy retorcido que fuese podría imaginar.
Amargura no aguantaba más. ¡¿Quien puede ayudarla?! Nadie más que ella misma y una amiga a la que muy pocos no queremos ni ver: Voluntad. Mientras, Amarga ya se había vuelto tan amargada que, sus mejores amigas eran Venganza y Fastidio-Constante, la comida le sabía asquerosamente amarga y odiaba sobre todo tener que sonreír a la gente que era buena con ella. Esperemos que quiera oír lo que Voluntad le quería decir…
Un día, Amarga estaba sentada en el jardín de su casa regando con asco las plantas y reprochándole a la vida lo poco alegre que era la suya. Como su padre murió solo le quedaba su madre a la que evitaba ver siempre que podía. En una ocasión su madre se sentó a su lado, suspiró mirando al cielo y le dijo:
.-Cometí un error hija. Fui muy dura contigo y lo siento mucho.
-No me digas…- pensó Amarga.
Entonces apareció Voluntad y le susurró al oído: Perdónala, solo quiere arreglar las cosas. Pienso que vuestro futuro será mucho mejor  si le dices lo que tienes en tu cabeza,ánimo sé que  puedes hacerlo no es tu primera vez!
Amarga reflexionó unos segundos después de los cuales exclamó:
-Te perdono, mamá-dijo resoplando. Su madre la abrazó.
A Amarga le había costado mucho decirlo, pero aquel consejo que le dió Voluntad atravesó su corazón y lo sintió latir más ligero. Notaba que el agua ya no le llegaba hasta el cuello y que podía respirar mejor.
El paso siguiente iban a ser sus amigos:
Al día siguiente, 3 de septiembre, comenzaba en un nuevo colegio, una vida nueva. Y de Venganza y Fastidio-Constante ya nos libraremos…
Amarga entró en clase, sus nuevos compañeros le dedicaron una sincera sonrisa de bienvenida. Su ambiente escolar había pasado de estar en el fondo del pantano en donde no podía respirar, a una superficie transparente y fresca donde se percibían dulces aromas.
Ella pensó en poner su mueca más repugnante, y entonces aparecieron detrás de todos los alumnos, Venganza y Fastidio-Constante. La incitaban todo el rato a hacer lo que pensaba:
Hazlo, hazlo…”- le susurraban mientras se acercaban más a ella. Sin embargo, en esos preciosos segundos, se interpuso entre esas dos y Amarga, Voluntad. Se la veía llena de energía y alegría.
Empieza tu nueva vida, ahora no es más que un libro en blanco”-le gritó. –“¡¡Vamos!!”- dijo mientras empujó hacia atrás a Venganza y a Fastidio-Constante.
Amarga dio un paso al frente y les devolvió a todos una gran sonrisa y dijo :
-Seguro que aquí seré feliz-.
Entonces, Venganza y Fastidio-Constante se desintegraron y solo dejaron unas gotas de agua sucia y maloliente,  ya no eran nada. Voluntad le sonrió y desapareció elevándose ligera, como una nube.  Ya había hecho su trabajo.
Y Amarga, añadió con gran satisfacción- Me llamo, Felicidad-.

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