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29 de diciembre de 2014

MERRY CHRISTMAS TO EVERYONE AND A HAPPY NEW YEAR !!


I want to dedicate all my first wishes and joy to all the boys and girls who r sufferin´ from bullying.
Also to all the great mothers of the world, thx 4 putting up with us!
On the other hand I strongly rec 2 everyone that life is 4 live it once, don´t waste time suffering or crying it´s not worth it. The only way of bothering the rest is the fact of standing with a smile in front of them ( but also with a knife, If the situation requires it...)

Lot´s of love,

Luc

[beautiful image from center blog --> url: http://chezmanima.centerblog.net/rub-Noel-et-jour-de-l-an.htm]

La Deuda




La Deuda
En una pequeña ciudad portuaria, se sitúa esta historia. Era una ciudad muy particular debido a la estrechez de las calles y la monumentalidad de su Iglesia. Las casas también, no es que fuesen demasiado alegres. Los días amanecían generalmente nublados, todo se rodeaba de una atmósfera tan gris que conseguía deprimir a la gente desde los primeros kilómetros de distancia. Cuando salía a la calle, estaba sumida en un silencio perpetuo, casi parecía de incomodidad. La niebla se pegaba al cuerpo y no dejaba respirar, se podría decir que la sensación era la de unos puños golpeando de manera incesante los pulmones. El agobio y la asfixia eran tales que mis paseos no duraban más de diez minutos.
Yo vivía con una señora muy mayor (que de vez en cuando tenía convulsiones o parálisis respiratoria) en una casa que ella había heredado junto con una cuantiosa fortuna. Ella siempre me miraba con cara de estar horriblemente enfadada conmigo, como si hace mucho tiempo yo le hubiese hecho algo imperdonable. Le llevaba sirviendo desde la muerte de mi padre, antiguo mayordomo, que pasó su vida sin pena ni gloria. Ahora tengo doce años y trabajo bastante mejor que cuando tenía seis. Pasaban los días y yo inconscientemente llegaba a desear en ocasiones su muerte para que sus ojos diabólicos cesasen de una vez de mirarme con semejante acecho o incluso espanto.
Al cabo de siete semanas el médico le anunció que tenía ya las garras de la muerte cerquísima dispuestas a cogerla de la mano y llevársela. Yo escuché toda su conversación tras la puerta del dormitorio y, al parecer, ella no tenía la más mínima intención de irse, es más, ella pensaba prolongar su tiempo por, ni más ni menos, que diez años.
-Eso es imposible, señora.- le dijo el médico.- Y usted tiene suerte de haber vivido la friolera de años que ya ha vivido...  tendrá ya su testamento hecho, ¿verdad? porque sino...
-Ya decidiré yo personalmente lo que se deba hacer, doctor. -dijo ella insatisfecha con el que sería su último diagnóstico. -Gracias... por su ayuda.
-Lo lamento señora...Son cosas que se tienen que aceptar.-dijo él- . Por cierto, es mi deber el volver a recordarle que no sería mala idea el hacer un testamento señora, no vaya a ser que...
-Así que según usted.-le interrumpió ella-. Yo debo quedarme aquí sentada esperando a mi final...Llorando y gritando entre terribles dolores… ¿Pues, sabe? No voy a dejar testamento.- Y subiendo mucho el tono de voz, dijo-. Porque pienso gastarme toda mi fortuna como sea, ya que no tengo hijos ni parientes vivos... ni siquiera gente de fiar...- miró repentinamente a la puerta, ¡me vio!
Salí corriendo y no volví a la casa hasta por lo menos el anochecer, del miedo que me dio su fría mirada." ¿A qué vino eso?- pensé-. No me merezco esto después de tanto tiempo a su servicio...  Supongo que nunca podrá perdonarme cuando le robé aquellas joyas. No confía en mí ni yo en ella, ya veremos cómo acaban las cosas."
“Al atardecer tuve un mal presagio; las aguas del puerto de volvieron turbias. Y entre la espesura de la niebla, apenas se distinguía la torre de la lejana Iglesia. Caminando por el puerto, me dirigí a un viejo pozo cercano a la casa en la que servía. Con los ojos cerrados eché una moneda y pedí un deseo. En ese momento oí que la moneda no había caído…me asomé al pozo. Y allí estaba lo que parecía ser mi señora, hundida en el fondo y escupiendo sangre. Empecé a gritar de terror pero, la anciana me miró… en ese momento empezó a rasgar las paredes del pozo hasta quedarse sin uñas. Salí corriendo muerta de miedo. No quería saber nada de nadie. Hoy mismo dimitiría de mi trabajo.”
Cuando regresé, vi al doctor cerrando las puertas parecía tener prisa. Se percibía un hedor de muerte y un doblar de campanas de la lejana Iglesia. Abrí las enormes puertas de la casa y cuál fue mi sorpresa que la encontré en el comienzo de las escaleras, de pié. Había derribado ella sola la silla de ruedas. Estaba temblorosa, pálida, sus venas a punto de estallar... era una moribunda.
-¡¡¡Ven aquí maldita sanguijuela!!!- gritó. Acto seguido, irremediablemente cayó rodando por las escaleras pero, al intentar agarrarse a la barandilla las uñas de su mano estallaron y cayeron al suelo como dagas. Fue rodando y se estampó contra el duro suelo y empezó a sangrar en abundancia su cráneo. Y yo, como siempre no sabía qué hacer, tenía miedo, además yo también temblaba como si me hubiesen dado una descarga eléctrica al recordar el presagio. La anciana apenas se movía, solo pudo levantar su brazo y señalar hacia el coche del doctor que acababa de arrancar. ¿Qué quería decir?
-¡Señora el doct-
-¡Déjate de estupideces...! ¡Sé que él me ha envenenado para quedarse con mi fortuna! Nunca la tendrá...-se le iba apagando la voz, su vista se nublaba y vomitaba sangre-.
Corrí a su lado, me arrodillé y al verla sabía que no podría hacer nada.
-¡Lo siento...de verdad señora, no se vaya perdóneme! ¡Por favor!- le supliqué.
-¡Eso ya te lo perdoné hace mucho, boba!... Sino no te habría dejado mi fortuna.-dijo ella en un tono ligeramente cariñoso que nunca antes le había oído. Era increíble, me odiaba hace unas horas y ahora me hace su heredera. Le sostuve la cabeza con cuidado, apenas tenía voz.
- Escúchame atentamente, el que yo no haya dicho nada de las joyas que robaste, no significa que no tengas una deuda conmigo... yo ya sabía que esto pasaría. Mira, ése cobarde me ha hecho esto, sin embargo, logré ver el frasco de la medicina que me daba para que pudiese dormir. Me la administró seis o siete semanas... Esa clase de medicina solo se la dan a los médicos y... ¡Ahhh! - la pobre anciana se retorcía del dolor del veneno y las heridas. Se moría por dentro y se deshacía por fuera.- Tú so- ...t...ú sólo puedes hacer una co-cosa... y ya sabes cual es...pro-probar qu…e me han envenenado... –.ésas fueron sus últimas palabras antes de expirar, ella se alejaba en alma, pero yo me quedaba en cuerpo, seguía sujetándole la cabeza arrodillada junto a lo que ahora era la prueba de su muerte, el cuerpo.
Este pueblo portuario estaba alejado de la mano de Dios. Así que pregunté a la policía sobre como llegar a los mejores centros médicos. Ellos me aconsejaron que llevase el cuerpo al mejor forense del estado, un tal Dc GraveGuard.
Una vez la pusieron en el ataúd, los candados de éste resonaron como unas palabras, como la voz de la anciana que esperó de mí que hiciera lo correcto. Al ponerla en el coche comenzó nuestro viaje hacia un experto Dc GraveGuard de considerable fama por lo visto.
Los infortunios no tardaron en empezar, ya que a mitad de camino el motor reventó inesperadamente. No había más remedio que cargar a rastras con mi deuda, con la prueba, con mi señora. Cuanto más cansancio tenía, más fuerza me daba. El féretro pesaba una tonelada, ya no importaba nada, más que llegar al final. Sentía que lo hacía por algo necesario, por justicia.
Recuerdo momentos en los que estuvo a punto de abrirse. Fueron tres días llevando a la difunta anciana. Tres días, en los que tuve extraños y aterradores sueños… “en la noche, se proyectaba en forma de un amenazante espectro que silbaba mi nombre desde la oscuridad de su ataúd. Incluso en ocasiones, dejaba caer su mano vacía de uñas y reía…”
 Al llegar a nuestro destino, estaba reventada. Me apresuré a buscar a mi experto…  La sala mortuoria estaba repleta. No dudé en interrumpirle en mitad de una autopsia, pero al nombrar el nombre de la fallecida se puso manos a la obra. Cuando acabó, el Dc GraveGuard dijo:
- En efecto, estaba en lo cierto: su señora fue cruelmente envenenada por ese desalmado-.
-Le agradezco enormemente su trabajo doctor. Gracias a usted, mi señora descansará…Por cierto, ¿acaso la conocía de antes?
- Ciertamente. Le debía un gran favor- y bajando la voz añadió- fue ella quien me pagó los estudios de medicina-. El forense sonrió, y se marchó.

                               *    *    *

Al cabo de unos días…
No hubo juicio. No por carencia de motivos, sino porque ese malnacido se había suicidado prendiendo fuego a lo que yo habría heredado de mi difunta señora, toda la casa en llamas… Mi señora le ha vencido. Por suerte el muerto ahora es usted. Fin del juego.